viernes, 8 de junio de 2012

El Camino del Pantano

El Camino del Pantano





Randall estaba perdido.

-Maldita sea la hora en la que me quedé dormido- Pensaba, mientras sus botas negras de piel de mapache se hundían en el pegajoso lodo de los pantanos de Riverside. Un silbido ligero acariciaba sus oídos, la fría brisa asemejaba féminos cantos fantasmales, lo que erizaba los vellos de sus brazos. 

-No es nada, no es nada. No hay nada que temer- Se repetía una y otra vez, mientras avanzaba, como retenido por miles de manos, debajo de ese manto negro y espeso. Pero Randall había escuchado muchas historias sobre los pantanos. Historias de personas extraviadas, personas que fueron tragadas a la nada, de las que nunca más se había vuelto a saber. Historias como la de Brent.

Lo llamaban "El Espíritu del Norte"; un valiente Lord de las tierras de Stronghold que había conquistado ya varios pueblos. En ese momento estaba persiguiendo junto con sus hombres a los soldados de Hordoff, su antagonista. Estos habían entrado a los pantanos Riverside, esperando perder de vista a sus futuros captores, pero uno a uno fueron desapareciendo, causando frustración y gran molestia al "Espíritu". 
Los soldados de Brent trataron de convencerlo de regresar, pero como todo valiente y respetado Lord, lo único que recibieron fue una negativa furiosa. 
Brent y sus hombres se adentraban cada vez más a los pantanos fríos y nublados.
Luego de un lapso de tiempo no muy grande, gritos y gemidos de dolor, provenientes de la distancia, impulsados por ecos ocasionados por la acústica de tal sombrío lugar, fueron todo lo que los "valientes" soldados, juntos con su Lord, escucharon.

Brent no entendía la magnitud de lo sucedido. Para él, había sido simplemente un abrir y cerrar de ojos, pero ahora yacía en el lodo, sorprendido, viendo con sus grandes ojos pardos el rostro de... Hordoff, quien blandiendo su espada en el aire, con una sonrisa endemoniada, terminó con la vida de tan grandioso Lord.
Una emboscada, marcó el final de una historia de conquistas y majestuosidad.

No, no era el final de la historia. Brent había fallecido, su cuerpo nunca fué encontrado. No tuvo un entierro digno, no fué cremado en el altar del Dios de la vida. Era como un deshecho a los ojos de la gente que había jurado proteger y servir. Brent, era un cobarde para ellos, Brent los había abandonado.

Mucho tiempo después, Hordoff, nuevo dueño, amo y señor de las tierras de Stronghold partía con una caravana de 15 hombres a las tierras de su nacimiento, su territorio se expandía cada vez más, lo que lo obligaba cada cierto tiempo a regresar a su país, en el Sur, a informar personalmente a su gente; ya que no solía ser un hombre de "recados". Pero ésta vez, su regreso tenía un camino marcado, un camino que él recordaba claramente. Los pantanos Riverside.

Hordoff iba muy bien resguardado, sus 15 hombres eran los mejores caballeros del reino, incluso mejores que los que Brent solía tener en sus años mozos. Luego de su muerte, Hordoff se había concentrado en tener a los mejores guerreros a su servicio, pero nada de eso pudo haberlo preparado para lo que sufriría... y la realidad es que nadie sabe con certeza que fué lo que le sucedió,  pero meses después de su desaparición, uno de los sobrevivientes de su desafortunada caravana culpaba al "Espíritu del Norte".
El pobre caballero fué tomado de loco y sentenciado a morir decapitado por traición, pero a partir de ese momento, los ojos de cada pueblo, país y reino vieron con respeto a los pantanos Riverside.

-No pienses en esas historias estúpidas, son solo cuentos, relatos para asustar a los niños; no existe ningún "Espíritu del Norte"- Randall se repetía una y otra vez, ahora en voz alta, congelado por el frío aire de los pantanos. -Si Lauren te viera ahora, no haría más que burlarse de tu ingenuidad, Randall. No puedo tener miedo a estas estu- Un sonido quebradizo interrumpió el monólogo del joven.
Randall quedó paralizado, su cuerpo no respondía. Sus vellos se erizaron y su corazón latía desenfrenadamente. Un sonido ondulante se apoderaba de sus oídos y sentía que su cabeza explotaría.

Con un suspiro largo, recuperando el control de su cuerpo y empuñando el mango de su espada, Randall giró, desenfundó y blandió el acero contra el aire, esperando toparse con algo, pero su intento fué infructuoso. Randall temblaba mientras sentía el aire, ahora espeso, concentrado, cargado a su alrededor. De pronto, una risa leve, acompañada de un eco fantasmal llenó el silencio del lugar.
Randall volvió a girar con otro golpe de su espada, otra vez a la nada. Ahora estaba perdiendo el control, el dolor en su cabeza se había vuelto intenso, el chillido penetraba en su cerebro. 

-¡Déjame en paz! ¡¿Qué eres?! -Gritaba Randall con desesperación. La respuesta no se hizo esperar:

-Soy El Espíritu del Nortemuchacho. Deja caer tu espada y permíteme cobrar mi venganza...-

Randall no pudo dominar su miedo y echó a correr tan rápido como sus piernas lo permitían. El lodo se pegaba a sus pies y piernas; el muchacho estaba seguro de oírse gritando como una niña, pero el intenso chillido en sus oídos no le permitía confirmarlo. 
Randall tropezó algunas veces, se levantó y siguió corriendo, siguió corriendo, siguió corriendo...

Y de pronto estaba fuera del pantano. El sol brillaba nuevamente, las colinas se hacían verdes poco a poco, el barro de sus botas empezaba a caer, el sudor y la humedad en su cuerpo casi no estaban más. Randall caminaba tranquilo, respirando pausadamente, con la mirada aún desorientada. Tres horas después, Lauren corría en su dirección, emocionada por el regreso de su hermano mayor, soltándose en lágrimas al abrazarlo. Randall hizo lo propio, pero parecía no haberse recuperado de su encuentro paranormal. 

-¿Dijiste algo?- Preguntó Lauren, al mismo tiempo que enjugaba sus lágrimas.

-Venganza...- Murmulló Randall. -Venganza...-

Lauren y su hermano caminaron unos metros más, en dirección a la caravana, ahora asentada en un campamento, que un día antes lo había dejado atrás, mientras el sol al poniente brillaba agotando poco a poco su esplendor.